
Abrir un libro es mucho más que pasar páginas. Es activar zonas del cerebro que permanecen dormidas con otras tareas. Es conectar ideas de formas que no imaginábamos. Y sobre todo, es ejercitar una habilidad clave para el éxito académico. Quienes leen a menudo no solo acumulan datos. Desarrollan formas de pensar que facilitan cualquier aprendizaje.
Varias universidades españolas han estudiado este tema. Han encontrado una relación directa entre leer y sacar buenas notas. Un estudio de la revista Educación XX1 de la UNED lo confirma. Los niños que leen con sus padres desde pequeños comprenden mejor los textos. También hablan mejor durante toda su vida escolar.
El Ministerio de Educación ofrece datos claros. El 84% de las personas con título universitario lee con frecuencia. Pero solo el 40% de quienes tienen estudios básicos lo hace. Esta brecha no es casual. Leer más ayuda a pensar mejor y a seguir formándose.
«Los estudiantes universitarios con hábitos lectores muestran mayor interés por la lectura profesional, factor que más incide en su rendimiento académico.»
Los informes PISA de la OCDE llevan años midiendo la competencia lectora de los estudiantes de 15 años. Los resultados son consistentes: quienes disfrutan leyendo obtienen puntuaciones más altas en todas las materias. No solo en lengua. También en matemáticas y ciencias. La razón es sencilla. Leer bien permite entender los enunciados de los problemas. Permite seguir explicaciones complejas. Y permite estudiar de forma autónoma.
Casi cien estudios reunidos en revistas como Journal of Research in Reading y Review of Educational Research muestran algo importante. Hay diferencias claras entre leer en papel y leer en pantalla. El papel ayuda a entender mejor los textos. También favorece recordar lo leído y pensar de forma crítica.
Al leer un libro de papel, el cerebro crea un mapa mental del texto. Recordamos dónde estaba cada dato en la página. Sabemos si era arriba a la izquierda o junto a una imagen. Este mapa nos ayuda a volver a la información cuando la necesitamos. En las pantallas, el texto se mueve todo el tiempo. No hay un lugar fijo para cada idea.
Hay otro factor. Los niños asocian las pantallas con la rapidez: mensajes cortos, avisos constantes, respuestas al instante. Sin darse cuenta, el cerebro entra en modo de prisa al leer en pantalla. Esto dificulta la calma que exige un texto largo o un tema complejo.
Tocar las páginas, oler el papel, sentir el peso del libro en las manos. Estos detalles no son triviales. El cerebro procesa la lectura como una experiencia física completa. Neurocientíficos como Maryanne Wolf han demostrado que estas sensaciones ayudan a fijar los recuerdos. Un libro físico deja una huella más profunda que un texto en pantalla. Por eso muchos estudiantes prefieren subrayar en papel cuando preparan exámenes importantes.
El Barómetro de Hábitos de Lectura 2024 trae datos positivos. El 78% de los padres con hijos menores de seis años les leen cuentos. Es una buena noticia. La lectura en la infancia tiene efectos que duran décadas.
Los niños que leen desde pequeños amplían su vocabulario. Hablan mejor. Entienden mejor lo que oyen. Y tienen mejor memoria. Estos cimientos les ayudan luego con las matemáticas, las ciencias y todas las demás materias.
«La lectura es una competencia básica y transversal que permite acceder a otros aprendizajes.»
Los hábitos lectores se forman en casa antes que en el colegio. Ver a los padres leer, tener libros accesibles en el hogar y dedicar un rato diario a la lectura compartida marca la diferencia. Los niños imitan lo que ven. Si en casa se valoran los libros, los pequeños crecerán viéndolos como algo natural y placentero. No como una obligación escolar.
Vivimos rodeados de pantallas. Defender el libro de papel puede parecer anticuado. Pero los datos de la OCDE muestran algo preocupante. En la última década, la capacidad de leer y entender textos ha bajado en la mayoría de países ricos.
Esta caída coincide con el auge de la lectura en pantallas. No se trata de estar contra la tecnología. Cada formato tiene sus puntos fuertes. Pero para aprender de verdad y recordar a largo plazo, el libro de papel sigue siendo muy difícil de igualar.
Leer libros en casa y en el colegio no es cosa del pasado. Es una decisión con base científica. La lectura mejora la mente, las emociones y las notas. Cada página leída es una inversión en habilidades para toda la vida.
Hay un dato que rompe mitos. Los jóvenes españoles de 14 a 24 años son el grupo que más lee por gusto: un 75,3%. No es verdad que los jóvenes no lean. Lo que necesitan es un entorno que valore los libros y les dé acceso a ellos.
En el Centro de Estudios Atenea trabajamos para que nuestros alumnos adquieran buenos hábitos de estudio. La lectura ocupa un lugar central en ese objetivo. Un alumno que lee es un alumno que piensa, que se hace preguntas y que relaciona ideas. En definitiva, está mejor preparado para cualquier reto académico.